En el salón, una amante ata desnuda a la otra con cuerda, le besa la boca y las tetas y le sujeta una mordaza de madera en los labios.
Se besan con ganas y luego se sientan en el suelo a hablar. La de pelo rizado se queda desnuda con la cuerda cruzándole el pecho, la cintura y las caderas mientras su pareja, aún vestida, aprieta los nudos. Se tumba en cojines naranjas, sigue atada, y su amante le come las tetas. Una mordaza de madera le queda entre los labios y una pierna se le levanta con la cuerda. Terminan lado a lado, riéndose.
La luz del día, las cortinas de hojas y el suelo de madera dejan el cuarto acogedor. El pelo rizado, un tatuaje de serpiente en las costillas y unas tetas naturales llenan los planos cortos. La cuerda y la pareja vestida contra la piel desnuda mantienen el calor juguetón.